Vivimos en un mundo de fronteras que se multiplican a nuestro alrededor. Algunas se hacen impenetrables, y, como en el medioevo, se protegen con murallas de acero y concreto. Otras, no menos impenetrables, recurren a la exclusión simbólica. Unas delimitan estados nacionales. Otras, separan y ponen en contacto clases, grupos étnicos, regiones… Todas ellas constituyen entramados asimétricos de poder y dinámicas de intercambio desigual. Todas ellas son crecientemente parte de nuestras vidas cotidianas. |